Archbishop's Appeal

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News

Archbishop’s homily at Mass for immigrants and prayers for an end to racism

August 20, 2017 | posted by Archbishop Gustavo García-Siller, MSpS

Topics: Breaking News


Archbishop's homily at Mass for immigrants and prayers for an end to racism

August 20, 2017

Our faith tells us that every human life has intrinsic value, dignity, and rights because everyone is created in the “image and likeness” of God. Everyone, without exception! This is the truth!

There is a tendency in human nature to form close-knit groups.Everyone else is considered an “outsider.” Fear of, and lack of true knowledge about, “outsiders” lead to bias, prejudice, propaganda, discrimination.This can escalate into violence and even death, as we saw in the tragic events at Charlottesville, Virginia, last week. This is not the will of God!God’s plan is that all his children -- without exception -- learn to recognize one another as sisters and brothers.That is a serious challenge for all of us today.Racism is a sin.Anti-Semitism is a sin.Violation of a person’s human and civil rights is a sin.We need to ask God’s forgiveness and mend our ways!

In our first reading today a question arose among the people of God, what should we think about foreigners who want to observe God’s law but were not born Jews? God answers that everyone who observed the covenant was to be considered among God’s chosen people.God’s loving embrace is inclusive.

In the early church some Jewish Christians were scandalized that St. Paul was proclaiming the Lord Jesus and his gospel among Gentiles who were becoming Christians.In response, Paul insisted that, while God’s original covenant with the Jewish people still stands, the New or renewed Covenant sealed with Jesus’ Precious Blood is inclusive.It excludes no one.

Today’s gospel is very striking! Jesus crosses the frontier of Galilee into southern Lebanon. A Gentile woman approaches and asks him to cure her daughter possessed by a demon. At first, Jesus ignores the woman and then says he was sent “only to the lost sheep” of Israel. Finally, Jesus realizes that no one is to be excluded from his healing ministry and cures her daughter!

Today, racism is a serious problem in our country. Moreover, millions of people live among us in the shadows of our society. While they make vital contributions to our society through their hard work and exemplary family life, many live under the constant threat of deportation.T his causes unspeakable suffering, fear, and anguish.Many families live without hope in a nation that welcomed immigrants in the past, offering them freedom, safety, and a chance for a better and safe life for their children.

Some recent governmental policies and inflammatory rhetoric at both the federal and state level are not only ill-advised. They are unjust! They are discriminatory! They are not in accord with what the word of God demands of us who claim to be believers. And let me be clear: all of us will be held accountable for our actions toward “others” when we stand in judgment before God’s throne! Racism, anti-Semitism, human and civil rights violations are sins!

The Catholic Church will continue to proclaim and live out the gospel. We will build bridges -- not walls -- among peoples. We will promote personal encounter, dialogue, and inclusion that will develop friendship between families and neighbors.We will insist on truth, not falsehoods and propaganda.We will strive for fruitful collaboration of all for the common good of our society. Meanwhile, we will walk in solidarity with and care for all of our neighbors!

Our Lady of Guadalupe accompanies all of us.“Am I not here who am your mother?” We invite all of you to join us in this ministry with this simple prayer:  “We fly to your patronage, O Holy Mother of God.Do not despise our petitions in this hour of need, but free us from all danger, O Blessed Virgin Mary. Amen!”

Homilía Misa por los inmigrantes

20 de agosto de 2017

Nuestra fe nos dice que cada vida humana tiene valor intrínseco, dignidad y derechos, porque todo el mundo es creado a “imagen y semejanza” de Dios. ¡Todos, sin excepción! ¡Esta es la verdad!

Hay una tendencia en la naturaleza humana a formar grupos estrechamente unidos. A todo aquél que no pertenece al grupo se le considera “forastero”. El temor y la falta de conocimiento auténtico de los “forasteros” conducen a sesgos, prejuicios, propaganda, discriminación. Esto puede convertirse en violencia e incluso en muerte, como vimos en los trágicos eventos de Charlottesville, Virginia, la semana pasada. ¡Esta no es la voluntad de Dios! El plan de Dios es que todos sus hijos, sin excepción, aprendan a reconocerse unos a otros como hermanos. Ese es un serio desafío para todos nosotros hoy. El racismo es un pecado. El antisemitismo es un pecado. La violación de los derechos humanos y civiles de una persona es un pecado. ¡Necesitamos pedir perdón a Dios y enmendar nuestros caminos!

En nuestra primera lectura de hoy surgió una pregunta entre el pueblo de Dios: ¿qué debemos pensar de los extranjeros que quieren observar la ley de Dios, pero no han nacido judíos? Dios responde que todos los que observaron el pacto debían ser considerados parte del pueblo elegido de Dios. El abrazo amoroso de Dios es inclusivo.

En la Iglesia primitiva, algunos cristianos judíos se escandalizaron de que San Pablo estaba proclamando al Señor Jesús y su Evangelio entre los gentiles que se estaban convirtiendo en cristianos. En respuesta, Pablo insistió en que, si bien el pacto original de Dios con el pueblo judío sigue vigente, el Pacto Nuevo o renovado, sellado con la Preciosa Sangre de Jesús, es inclusivo. No excluye a nadie.

¡El Evangelio de hoy es muy impresionante! Jesús cruza la frontera de Galilea hacia el sur de Líbano. Una mujer gentil se acerca y le pide que cure a su hija poseída por un demonio. Al principio, Jesús ignora a la mujer y luego dice que fue enviado solamente “a las ovejas descarriadas” de Israel. ¡Finalmente Jesús se da cuenta de que nadie debe ser excluido de su ministerio de curación y sana a su hija!

Hoy en día el racismo es un problema serio en nuestro país. Además millones de personas viven entre nosotros en las sombras de nuestra sociedad. Mientras hacen contribuciones vitales a nuestra sociedad a través de su arduo trabajo y vida familiar ejemplar, muchos de ellos viven bajo la constante amenaza de deportación. Esto provoca sufrimiento, miedo y angustia indescriptibles. Muchas familias viven sin esperanza en una nación que en el pasado dio la bienvenida a los inmigrantes, ofreciéndoles libertad, seguridad, y una oportunidad para una vida mejor y segura para sus hijos.

Algunas políticas gubernamentales recientes y una retórica inflamatoria tanto a nivel federal como estatal, no sólo son poco aconsejables. ¡Son injustas! ¡Son discriminatorias! No están de acuerdo con lo que la palabra de Dios exige de nosotros que decimos ser creyentes. Y permítanme ser claro: ¡todos nosotros seremos responsables de nuestras acciones para con los “otros” cuando seamos juzgados ante el trono de Dios! ¡El racismo, el antisemitismo, las violaciones de derechos humanos y civiles son pecados!

La Iglesia Católica continuará proclamando y viviendo el Evangelio. Construiremos puentes entre los pueblos, no muros. Promoveremos el encuentro personal, el diálogo y la inclusión que desarrollarán la amistad entre las familias y los vecinos. Insistiremos en la verdad, no en falsedades ni propaganda. Nos esforzaremos por la fructífera colaboración de todos por el bien común de nuestra sociedad. Mientras tanto, ¡vamos a caminar en solidaridad con nuestros vecinos y a cuidar de todos!

Nuestra Señora de Guadalupe nos acompaña a todos: “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?” Invitamos a todos a unirse a nosotros en este ministerio con esta sencilla oración: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos de todos los peligros, ¡oh Virgen gloriosa y bendita! ¡Amén!